martes, diciembre 05, 2006

la maldad fue la claridad

Cabras y ovejas morían de sed, de hambre, la esquilaban hasta los huesos, muchas morían no en el matadero sino en el simple campo por indescriptibles motivos.

Al ennegrecerse las ferias, se convirtieron en los más oscuros objetos. Tan tétrico era el paisaje, que todo, exactamente sesenta y seis cabreros salieron huyendo despavoridos hacia otro sitio sin saber a donde iban. Pero el acantilado estaba cerca y el río debajo, El túnel a sus izquierdas, pero no lo vieron, aún siendo el único objeto real que se iluminaba… Cabreros ciegos seguían no a su instinto, sino al primero de ellos que corría con intempestivos gritos, que provocaban una gran histeria hacia el gran grupo de, en este caso sesenta y cinco cabreros. Todos estaban borrachos de tanto alcohol ingerido. No sabían que hora era.

Fueron cayendo uno a uno por el acantilado, las cabras desde lejos daban brincos de alegría, se liberaban del yugo impuesto. Uno y seguidamente otro caía por el acantilado, el río se teñía de rojo, las cabras absortas dejaron de beber en el río, ya sabían otro método. Faltaban pocos cabreros por morir. Algunas cabras ya marcharon río arriba, mirando desde abajo a los últimos cabreros que quedaban con vida. Sólo quedaba uno, pero sintió el calor de sol al amanecer, paró y gritando por no sentir a sus compañeros, sonrió. De nuevo retomó su posición altiva y con su palo retomó el mando y sometió a todas y cada una de las cabras que de nuevo se les rechazaría su libertad.

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